Estos dispositivos, utilizados por bandas delictuales para bloquear señales GPS, celulares, radiales y de transmisión de datos, permiten dejar a camiones, buses o maquinarias fuera del alcance de los centros de monitoreo, generando verdaderos “puntos ciegos” operacionales.
En la práctica, un jammer impide que una unidad sea localizada, corta la comunicación con el conductor y bloquea la emisión de alertas en caso de emergencia. Para el transporte de carga, esto puede facilitar robos violentos, pérdidas millonarias y riesgos directos para la vida de los conductores. En el caso del transporte de pasajeros o de personal, especialmente en zonas aisladas, la pérdida de señal puede retrasar protocolos de rescate ante accidentes, fallas mecánicas o eventos climáticos.
“Hoy el delito está actuando con mayor planificación y tecnología. El uso de jammers no solo busca robar una carga, sino anular la capacidad de reacción de una empresa. Cuando un camión desaparece del monitoreo, cada minuto cuenta”, explica Carlos Rivas, experto en seguridad vial y vocero de Control Flota.
La preocupación es especialmente relevante en rutas estratégicas del norte del país, vinculadas a la minería, donde camiones que transportan minerales, combustibles, repuestos o insumos industriales pueden ser interceptados por bandas organizadas. También representa un riesgo crítico en el sur de Chile, en zonas como Los Lagos, Chiloé, Patagonia o Carretera Austral, donde la conectividad ya es limitada y la interrupción de señal puede dejar completamente incomunicada a una unidad.
Frente a este escenario, ControlFlota incorpora dos soluciones que minimizan el riesgo. La primera corresponde a la identificación de uso de jammer, función proporcionada por el dispositivo GPS de Teltonika, que permite detectar la inhibición de señales. La segunda corresponde a un equipo que se incorpora y que actúa como detector anti-jammer con detención automática, que además de identificar la interferencia, gestiona una respuesta de seguridad sobre el pedal de aceleración, provocando una ralentización controlada del activo.
Esta funcionalidad no detiene el motor ni apaga el sistema eléctrico, sino que realiza una detención segura, permitiendo reducir el desplazamiento de la unidad sin inhabilitarla por completo. De esta forma, la propuesta de ControlFlota contempla tanto la detección temprana como la reacción automática ante intentos de bloqueo de señal.
“No basta con instalar GPS. Hoy las empresas necesitan sistemas capaces de detectar anomalías, levantar alertas tempranas y activar protocolos antes de que la unidad quede completamente incomunicada. La seguridad debe pensarse como un ecosistema: tecnología, personas capacitadas y reacción coordinada”, agrega Rivas.
En Chile, además, la Ley N°21.720, publicada en diciembre de 2024, prohíbe la fabricación, comercialización, importación, tenencia, porte y uso de jammers por parte de civiles, estableciendo penas de cárcel, multas y decomiso de equipos. Sin embargo, desde Control Flota advierten que el marco legal debe ir acompañado de prevención tecnológica y coordinación operativa.
“El desafío no es solo perseguir el delito después de ocurrido. La clave está en anticiparse. Detectar un jammer a tiempo puede marcar la diferencia entre perder una carga, poner en riesgo a un conductor o activar una respuesta efectiva”, concluye Rivas.
Así, en un contexto donde la seguridad logística se ha vuelto un factor estratégico para la continuidad operacional, los sistemas anti-jamming aparecen como una herramienta clave para proteger activos, personas y rutas críticas del país.




